Playa en la Bahía de la Concepción
La Paz (Baja California Sur, México) Km 1695
Salí de Los Angeles por el mismo carril bici que durante dos años me llevó hasta la universidad. Una vez en la costa, giré hacia el Sur siguiendo por dos días las playas donde los surfistas practican su deporte sin importar la hora del día o la temperatura del ambiente.
Salí de Estados Unidos por San Diego para entrar por Tijuana en México. Hace tiempo me hablaron de los encantos de esa ciudad, pero yo encontré muy pocos. Tijuana es un hervidero de gente que va y viene, una ciudad que vive de y para la frontera. Las calles están llenas de consultas de dentistas (con tratamientos muy por debajo de lo que se paga al otro lado de la raya), farmacias (con descuentos en todo tipo de medicamentos, incluida la mágica píldora azul) y locales menos glamurosos (donde hacer uso de la píldora).
Conforme me movía hacia el Sur, las poblaciones se iban haciendo más pequeñas y los turistas más escasos. La huella de los misioneros permanece viva en los topónimos. Resulta difícil pensar en un nombre sagrado para el catolicismo que no esté presente en el mapa de las Californias, la Alta en Estados Unidos o la Baja en México. Solo en unas decenas de kilómetros a lo largo de la carretera nacional 1 que recorre la península pase por Rosario, El Rosario y Rosarito.
La Baja California es dura para los ciclistas, el terreno tiene mucho relieve y la gran distancia entre poblaciones obliga a cargar agua y provisiones, pero también tiene grandes recompensas como los inmensos paisajes del desierto o las solitarias playas de aguas azules y verdes. Veintidós días después de salir de Los Angeles llegué a La Paz, la capital de la Baja California Sur. Desde aquí esta noche tomaré el ferry a Mazatlan.


1 Comentario
Varios meses ya desde este nuevo retomar camino geográfico y vital… Retomo también la lectura de tus crónicas escritas. Gracias por compartir tus experiencias a través de ellas.