
Juchitan de Zaragoza (Oaxaca, Mexico) Kms 4115
Una de las ventajas de viajar en bicicleta es que permite observar la fauna a ambos lados de la carretera. La mayoría de las especies, con la sabiduría que la madre naturaleza les ha dado, huyen cuando ven a un ser humano. Esto es válido incluso para las especies que han sido domesticadas como las vacas, caballos y cabras que pastan en los prados próximos a la carretera, pero es especialmente cierto para las especies salvajes. Los que no huyen es porque han sido atropellados. La buena noticia es que la abundancia de ejemplares muertos indica abundancia de ejemplares vivos de esa especie. Particularmente abundantes en esta parte de la ruta son los sapos, serpientes de todas las longitudes y los reptiles, principalmente lagartos.
Mucho más difíciles de ver, aunque haberlas hailas, son las iguanas. Un día en Cuajinicuilapa (ciudad en el estado de Guerrero) faltando a mi dieta habitual me senté en un comedor a desayunar y me ofrecieron ‘caldo de iguana’. Mi primera reacción fue pensar que era alguna clase de broma para guiris. Pero no, iba en serio. Según he ido averiguando, no se trata de iguanas criadas en granjas, si no de iguanas que viven en libertad protegidas por ley y que son cazadas furtivamente. Su carne es muy apreciada y se utiliza para hacer caldos y cocidos. Su caza y comercio genera unos ingresos complementarios en zonas rurales donde los salarios de las peonadas en el campo son miseros (entre seis y doce dólares por un día entero de trabajo).
La iguana no es la única comida mexicana insólita para mi. En una época donde se empieza a discutir si los insectos serán la fuente de proteínas del futuro, en el estado de Oaxaca es típico comer para picoteo chapulines (saltamontes) y chicatanas (grandes hormigas voladoras). Deben ser deliciosas porque no son comidas baratas. Es una suposición, porque no las he probado. Ni pienso.

Chapulines, listos para consumo y disfrute


1 Comentario
Leyéndote he recordado la película «Los dientes del diablo» (título en español, nada que ver con el original: «The savage innocents»), donde el personaje del esquimal protagonista (encarnado por Anthony Quinn) ofrece como especial manjar a su invitado blanco un plato de carne pleno de gusanos. Primer detalle de la enorme divergencia entre ambas culturas…