Un cartel con el eslogan ‘Unidos Podemos’, del partido de la derecha conservadora (PRI).
Cerro Ortega (Colima, Mexico) Km 2740
El desarrollo económico español de la segunda mitad del siglo XX se basó el las remesas que enviaban los emigrantes desde los países del Norte, las exportaciones agrícolas y las plantas de montaje para compañías multinacionales que se beneficiaban de menores costos laborales. Más tarde vinieron las privatizaciones y la apertura a mercados internacionales. Los que vivimos aquella época en España encontramos muchos aspectos en común con la situación actual mexicana.
Acompañando ese proceso de ‘liberalización’ económica, viene un proceso de ‘liberalización’ política. El próximo día 1 de Julio se celebran en México elecciones municipales, al congreso, al senado y a la presidencia de la República. Todo un festival electoral, y ahora nos encontamos en plena campaña. En un país con una amplia clase rural y trabajadora, el mensaje de la izquierda parece haber calado esta vez en el electorado y situa a su candidato a la cabeza de las encuestas. Entre tanto, la derecha económica se bate en retirada jugando la baza del miedo: un cambio político detendría el crecimiento económico y desembocaría en una crisis a la venezolana.
Hay varios aspectos en la campaña electoral que llaman mi atención. Particularmente que todos los partidos han planteado su campaña de imagen con el mismo molde: Foto del candidato/candidata de frente, sonriendo, vistiendo una camisa o blusa blanca o de color claro, sobre fondo un blanco sobre el que destaca el nombre del candidato. El eslogan, si lo hay, pasa a muy segundo plano, y las siglas del partido hay que buscarlas, porque apenas se ven. Blanco, blanco… todo muy blanco en la propaganda electoral, incluso la piel de los candidatos es blanca. En un país con una importante comunidad indígena y ciudadanos que, aunque no son indígenas son de piel oscura, los aspirantes al poder político son todos blancos, o como aquí (nos) dicen: ‘güeros’.


1 Comentario
Cierto, el marketing electoral parece que sigue mayoritariamente unos cánones tácitos. ¿Falta de originalidad o de no arriesgar?